Un mundo sin hombres: la utopía truncada de Sandra Newman

La repentina desaparición de los hombres puede ser el detonante para dejar en evidencia muchísimos desequilibrios cotidianos. Por ejemplo, caería la enorme mayoría de aviones en vuelo y solo se mantendrían en el aire los pocos que pilotean mujeres. Un efecto entre muchos que enumera la estadounidense Sandra Newman en Un mundo sin hombres (2022), su quinta novela, la primera traducida al español.

En ella, la autora explora lo que ha vendido como una “utopía feminista”, ya que “La desaparición”, como llaman en la novela a eso tan extraño que ha pasado, detona una transformación de ensueño en la que sobramos los hombres. Y, sin embargo, Newman nos invita a una utopía que nunca se desarrolla por completo.

La novela se vale de los mecanismos narrativos de cualquier serie entretenida de suspenso para contar los caminos que toman seis mujeres en los meses posteriores a “La desaparición”. Han perdido a seres importantes en sus vidas (un esposo, un hijo, un amigo, un hermano…), pero, ante la posibilidad de recuperarlos, enfrentan un choque interno entre el apego y el amor que sienten por ellos, y el dolor y el rencor por los abusos, infidelidades y violencias que también ellos las hicieron vivir.

Esos dilemas y el mismo detonante de la historia son ingredientes muy jugosos para jugar al “¿qué pasaría si…?”, pero en este caso Newman sintió los efectos de lo que para mucha gente es más que un juego. La razón es que “La desaparición” es un fenómeno con una base estrictamente biológica: desaparece “todo ser humano con un cromosoma Y (…), todo aquel que en algún momento tuvo la capacidad de producir esperma”. La autora propone así una utopía biologicista, que lleva a sus últimas consecuencias cuando uno lee que ni siquiera sobreviven los fetos de sexo masculino que apenas están cobrando forma en los vientres, y que la construcción de ese nuevo mundo, de la utopía feminista, arranca sin las mujeres trans, que también desaparecen.

Cuando Newman anunció en Twitter que esa sería la premisa de su novela (“Everyone with a Y chromosome suddenly disappears. In the months that follow, the world gets better”), recibió una avalancha de críticas de personas que la consideraron transfóbica, e incluso hubo quienes pidieron la “deplataformización” de libro; es decir, que no lo publicaran. Ella optó por poner privado su cuenta. Una organización que había nominado a un premio a una amiga suya, también escritora, quitó la nominación luego de que esa amiga defendió a Newman.

Ese contexto es útil para hablar de la novela. Newman publicó su historia tal cual la había anunciado, a pesar de las críticas, en un gesto que reta la idea (ya tantas veces asumida como mandato) de que ahora solo se debe hablar (escribir, ficcionar) en determinados términos. El activismo del sector progresista que lo exige busca, y ha ido logrando, instalar en el discurso público el deber ser que se desprende de su causa: hay que hablar de cierta manera, mientras que Newman construye su utopía sobre un argumento que va contra esas formas de corrección política, promovidas por sectores que, habiendo trabajado desde los márgenes, se están convirtiendo en nuevas fuentes de poder.

La desaparición de los hombres se trata aquí, pues, de la desaparición literal del falo, y, por lo tanto, del poder masculino entendido de una forma elemental: el que ejercen los hombres por el hecho de nacer con pene; por su capacidad de violar y de apropiarse del cuerpo de la mujer. Por eso es que las protagonistas viven desde el momento mismo de “La desaparición” los efectos de la ausencia de los hombres: las madres dejan andar libremente a sus hijas por la calle sin temor a que esas niñas sean violadas; cualquier mujer puede desplegar libremente su desnudez en público; se acaban los estereotipos sobre el cuerpo; y las más entusiastas sugieren que “el amor erótico podía llegar a perder ese tono suyo de culto a algo superior”. Los cambios del mundo sin hombres, sin falo, generan una emocionante extrañeza para mujeres como Jane, la protagonista: “…me estremecí al pensar en lo radicalmente que podía cambiar una escena si la privabas del elemento masculino. Daba una sensación muy dulce y fantástica: un mundo de corderos sin lobos”.

Eso le da potencia a la idea de que un mundo sin hombres sería, sobre todo, sexualmente menos violento, argumento que ha defendido Newman en entrevistas.

Y, sin embargo, se trata de una utopía truncada. Los hechos que narra transcurren en más o menos un año. Un tiempo, apenas, de aterrizaje; y es justamente por eso que sus efectos no alcanzan a ser extremos, léase de cambio estructural (¿cómo sería, por ejemplo, un mundo sin hombres cien, quinientos, mil años después?).

Lo que hace Newman es construir conflictos propios de un universo más inmediato a “La desaparición”. Por ejemplo, la nostalgia por los que ya no están, la desigualdad en las relaciones de poder entre mujeres, el choque de visiones sobre cómo sacar adelante este nuevo mundo, el uso de la violencia; aún algunas miran a otras de arriba abajo para juzgarlas por su aspecto físico. Todas, muestras de que, aunque solo quedan mujeres y el mundo comienza a cambiar para bien, el patriarcado sigue vivo. De que, siguiendo con la analogía antes citada, entre mujeres no todas ofician como corderos; entre ellas también hay lobos, y quienes aspiran a serlo. Por eso dice Evangelyne, una protagonista: “Antes de nada, tenemos que cambiar nosotras. Y eso será lo más duro que hagan en su vida, porque ustedes están hechas de pasado”.

Es ese peso del pasado (que no es otra cosa que el peso de la estructura patriarcal) lo que termina estropeando la posibilidad de un futuro radicalmente distinto. Newman optó así por frenar en seco su utopía, al darle una amarga dosis de realismo.

El lector, entonces, puede llegar a sentir una suerte de desazón al ver que la utopía no se consolida. Quizás, sobre todo, el lector en español, pues el título producto de la traducción (Un mundo sin hombres) tiene un sentido que difiere mucho del original en inglés: The men, a secas (Los hombres). Este no es, como en español, la invitación a leer una novela sobre cómo es un mundo sin hombres, así adentro estos desaparezcan.

Esta es la primera novela de Newman traducida al español, publicada por Seix Barral. Y creo que más allá de las discusiones semánticas sobre si realmente se trata de una utopía o sobre las implicaciones del título, garantiza una lectura entretenida que pone sobre la mesa, sin que aspire a convertirse en un tratado, discusiones actuales sobre el feminismo y el patriarcado.

Sandra Newman. Un mundo sin hombres. Seix Barral, 2022. 392 páginas. Traducción de Julia Osuna Aguilar. Título original en inglés: The men.


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