En un episodio en el que su trabajo toma un rumbo insospechado, la aprendiz de secretaria Ida Partenza se ve obligada a escribir dos relatos de no ficción en los que tiene dos restricciones: no puede contar todo lo que sabe sobre los hechos que trata y debe inventar escenas creíbles que le permitan sostener ante sus lectores que todo es cierto. Para lograrlo, se vale de novelas y avisos publicitarios que le permitan tener el contexto que necesita. La literatura y la publicidad, dos universos regidos por la invención, son los fuelles que usa para llenar sus textos de aquel aire llamado verdad.
Mientras leía este y otros pasajes de Fortuna, la novela con la que el argentino Hernán Díaz ganó el Pulitzer en 2023 (escrita originalmente en inglés con el título Trust), recordé el ensayo de Vargas Llosa titulado La verdad de las mentiras. En ese texto ya clásico, el nobel peruano reivindica el papel de la literatura como mecanismo para contar “la historia que la historia que cuentan los historiadores no sabe ni puede contar”. Fortuna cabe ahí. Es un enorme ejemplo sobre la relación orgánica que han mantenido por siempre la ficción y la historia.
El libro está dividido en cuatro relatos, cada uno escrito por un personaje distinto de la novela, así:
1. Obligaciones: La novela firmada por el escritor Harold Vanner cuenta la historia del multimillonario estadounidense Benjamin Rask, heredero de una fortuna que incrementó en cantidades descomunales en el Wall Street de comienzos del siglo XX, incluso en medio del naufragio económico que trajo la Depresión de 1929. Vanner narra también la relación de Rask con su esposa Helen, que hasta su muerte se valió del bolsillo insondable de su marido para impulsar una reconocida labor filantrópica.
2. Mi vida: Las memorias inacabadas de Andrew Bevel, un multimillonario cuya historia familiar e incidencia en los mercados es peculiarmente parecida a la de Rask.
3. Recuerdos de unas memorias: Una crónica personal de Ida Partenza, escritora de ascendencia italiana que vivió muy de cerca el proceso de escritura de las memorias de Bevel.
4. Futuros: Los diarios que Mildred, la esposa de Bevel, escribe mientras recibe tratamiento para una violenta enfermedad.
Las primeras dos partes muestran, con historias muy distintas, a mujeres que no tienen mayor incidencia en el éxito rutilante de sus maridos. Las otras dos presentan una realidad muy distinta. Por eso, Fortuna puede leerse como la historia de la invisibilización de dos mujeres en hechos de trascendencia histórica. Una lectura que encuentra sentido desde la raíz de esos primeros dos relatos: los escribieron hombres.
También es una reflexión sobre cómo nuestra relación con el dinero puede definir nuestra relación con el mundo: ¿Lo entendemos como medio o como fin? ¿Nos da gusto acumularlo? ¿Es valioso en sí mismo o solo porque es una representación de lo que podemos conseguir con él? ¿Qué pensamos de quienes tienen tanto? ¿Qué tanto poder le atribuimos?
Lo más cautivador de Fortuna, sin embargo, es el juego que propone al relacionar sus cuatro historias entre sí: todas tratan sobre los mismos hechos, pero no es claro qué en ellas es verdad y qué no.
Vuelvo al comienzo: esta novela es, a partir de una confección extraordinaria, una muestra sobre la simbiosis entre ficción e historia. No porque se refiera, como casi cualquier novela, a hechos de conocimiento público que uno pueda cotejar en libros de historia, es decir, por fuera de la novela; sino porque ese ejercicio comparativo entre lo ocurrido y lo narrado lo hace el lector dentro del mismo libro, con elementos que le da el autor a medida que avanza en los cuatro relatos que lo componen.
Hernán Díaz propone ese juego bajo dos premisas que se derivan de su novela: todo lo que se construye como relato es ficción y toda ficción encierra una verdad.
De la primera hay, al comienzo, una muestra obvia: Obligaciones, la primera parte de Fortuna, tiene en su portada una indicación clara: es una novela cuyo autor es Harold Vanner. El lector de Obligaciones sabe desde un comienzo que asiste a una ficción en el sentido más convencional del término: una obra con hechos y personajes imaginarios. Sin embargo, en Mi vida, las memorias de Andrew Bevel (segunda parte), hay un nivel tal de discrecionalidad con los hechos que narra, un ejercicio de flexibilidad para hacer que lo que dice que ocurrió calce con sus intereses, que Ida Partenza (tercera parte) dice sobre ellas que son “sobre todo una ficción”. Novela y memorias quedan así niveladas en el plano de la invención, más cuando Bevel, con una mezcla de cinismo y sensatez, dice sobre sus memorias: “Esta ha de ser mi historia”.
Si, entonces, estiramos el significado de ficción, unas memorias claramente lo son. Eso porque, como dice Vargas Llosa en su ensayo, “al traducirse en lenguaje, al ser contados, los hechos sufren una profunda modificación”. Él se refiere a la labor del novelista, pero es una explicación que aplica para cualquier relato. Siempre que escribimos, cualquier cosa que sea, inventamos.
La segunda premisa con la que parece trabajar Hernán Díaz (toda ficción encierra una verdad) encuentra su sentido, de nuevo, con Partenza (que es una suerte de detective y crítica literaria que busca pistas en textos que otros han escrito, como algunos personajes de Ricardo Piglia y de Roberto Bolaño). Tras leer con detenimiento la novela de Vanner, ella escribe en su crónica: “Quizás la verdad estuviera en todas aquellas distorsiones e imprecisiones”; es una novela que, concluye, contiene una “verdad esencial” sobre la realidad que ficciona.
Las dos premisas son cara y sello de la misma moneda. El mejor ejemplo es la escena de Partenza relatada al comienzo de esta reseña, en la que se vale de dos mecanismos de la ficción (literatura y publicidad) para darles a sus textos la fuerza de la verdad.
Esa verdad esencial que expone la ficción tiene una fuerza a la que históricamente le han temido los poderosos. Fortuna pone ese conflicto en escena cuando muestra cómo el miedo ante el poder persuasivo de una novela hace que se levante el poder censurador del dinero.
Sin embargo, aunque Fortuna es una novela en la que el dinero juega un rol protagónico, es, antes que nada, una reivindicación del poder de los relatos. La muestra principal es que el magnate Andrew Bevel busca que el golpe reputacional que le dio una novela sobre un personaje tan parecido a él sea contrarrestado, no con la eliminación del autor de la novela, sino con otro texto: sus memorias. Para un relato, otro relato. Para una verdad, otra verdad.
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Hernán Díaz. Fortuna. Anagrama. 2023. 435 páginas. Traducción de Javier Calvo. Título original en inglés: Trust.
